MONTOYA

Denle play, les conviene 

 

Mi primer acercamiento con todo este círculo creciente de artistas y productores de música cuyas bases llevan influencias de ritmos latinoamericanos + electrónica es algo reciente y ocurrió gracias a Chancha Vía Circuito y su aparición en el cartel del Festival Nrmal, quien me deleitó desde que lo topé digitalmente (y lo sigue haciendo) hasta el último movimiento en mis piernas mientras presenciaba su exquisito set del Nrmal, en el que jugó con nuestros ritmos cardiacos y extremidades a su antojo. Y es que el encanto que poseen estos artistas es esa capacidad para pasarte en minutos de un mood fiesta, en la que todos  son muy felices bailando y moviéndose, hasta un mini trance con aires de meditación en el que son igual o mayormente felices.

Jhon William Castaño Montoya es técnicamente un violinista, pero anímicamente un buscador. Colombiano de ascendencia, italiano de residencia, una combinación geográfica ideal para el asombroso y vanguardista material sonoro que recién ha lanzado bajo el semi-homónimo alias de Montoya.

No es la primera vez que experimenta a base de sonidos de índoles naturales, ya que anteriormente bajo el acrónimo JWCM lanzó MOHS, un álbum también de alto trabajo de conceptualización, que en sus propias palabras ”se basa en la recopilación de sonidos naturales extraídos directamente de piedras, creando un paisaje sonoro y mental que recuerda experiencias de vida, armonías y ritmos” y que fue inspirado en la Escala de Dureza del científico Mohs, que establece 10 materiales cuyos valores indican que sucesivamente uno es capaz de rayar la superficie del que sigue, sin duda un ejercicio musical muy interesante sin más pretenciones que la de descubrir el misterio en emociones provocadas, y no así clasificarlas.

 

 

Supe que le tenía que seguir la pista por primera vez al escuchar su joyita Cumbia de Red, que forma parte del recomendadísimo Vol. 2 de los compilados de Frente Bolivarista, un track con todo su sello característico impreso en casi poco menos de 4 minutos, ritmos de cumbia con samples de la naturaleza. Montoya se puede resumir en música latina de creación análoga (si así se desease) pulcramente homogeneizada con electrónica vanguardista de alta propuesta.

Espiritual, drones, místico, danzón, viaje, serenidad, selva, antropología, vanguardia, orgánico, café, seducción. Son algunos de los conceptos que fácilmente podrían rozarse con Iwa, el álbum debut de este talentoso productor de 36 años. Consta de 31 minutos divididos en 8 deliciosos episodios que distan un tanto en referencias uno de otro pero que a su vez mantienen una línea exacta en estilo y mensaje. Por momentos místico, por momentos un fiestón latino. Contiene sonidos que, lográndolos digerir adecuadamente, son capaces tanto de provocar un éxtasis y ensimismamiento en una pista de baile como de dejarlos para un plano más contemplativo y conceptualizar labores escolares, saborearlos en un trayecto de vacaciones o estar recostado en una hamaca. Por eso, sin darme cuenta en dos días ya se encuentra casi en mi top mensual de scrobbles.

En lo personal me sorprende y fascina en Montoya, frente a otros proyectos hermanos, esa implementación de ligeros tintes oscuros de ritmos bass con un sutil complemento de los violines, saxes y demás instrumentos de manera perfecta, entre tanta delicadeza de voces, cánticos chamánicos y sonidos que parecieran ser extraídos de lo más profundo de una selva latinoamericana. Sin duda un artista a quien hay que seguirle muy de cerca, y que seguramente no dejará de sorprendernos con cada concepto aplicado que proponga en su música.

 

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